"Supe que ella había dejado de

“Supe que ella había dejado de amarme el día que volvimos a vernos. Ella iba tomada de la mano de alguien más y algo nos hizo coincidir. De manera que por cuestiones de destino tuvimos que volver a hablarnos. Como si las circunstancias en las que habíamos acabado lo nuestro no nos hubieran dolido en lo más mínimo y como si ahora ni las recordáramos al encontrarnos con las caras causantes.
Me di cuenta que había dejado de amarme en el momento en que mis ojos se posaron sobre los suyos y la miraron fijo.
Fue mirarla a los ojos y no encontrar nada. La nada absoluta. Sus ojos tenían paz. Brillaban con ternura pero no por mí. Para mí ya no había esa mirada que guardaba en mis recuerdos, para mí ya no existía esa mirada tierna donde parecía que con los ojos me decía que no me fuera nunca.
Tampoco encontré el amor, ni la ternura con la que antes me miraba, no había nada. No había sol. No había chispas. No significaba nada.
Un golpe hubiera dolido menos si tan solo hubiera podido mirarme con alguna emoción en su cara.
Pero ella estaba ahí, correspondiendo mi mirada con el vacío de mi recuerdo. Donde ya no quedaba nada, no había nada. Ni siquiera dolor. Ni resentimiento, ni odio.
Como si yo, como si yo fuera nada. Como si fuéramos extraños. Como si jamás hubiéramos existido. Como si no guardaramos recuerdos. Como si nunca me hubiera amado con cada poro de su piel. Como si ella no hubiera sufrido durante años por mí.
Eso fue absolutamente el momento más doloroso de nuestra historia. Ese fue el verdadero final, no la última vez que nos habíamos visto para terminar, porque aquella vez me miraba y sus ojos me gritaban que no me fuera.
Esta vez sus ojos me decían que le daba igual, si me quedaba o si me iba, de todas maneras ella ya no estaría conmigo.
Ahí, ahí fue cuando ella realmente dolió como nunca.”

Misterioso sin sonido.

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